Pentecostes

 Queridos Matrimonios:

                            Feliz Pascua de Pentecostés! Es el Espíritu que
pasa, que nos anima, que sopla! Compartimos con Ustedes esta meditación
sobre el Espíritu Santo del Padre Diego de Jesús, monje del Monasterio del
Cristo Orante, en Mendoza. Dice así

“En estos días previos a Pentecostés –que constituyen la novena madre de
todas las novenas– la Iglesia pide que venga el Santo Espíritu divino. Lo
pide de mil modos, con cientos de matices y gran variedad de formatos.
Todos lo pedimos: ¡Ven Espíritu, ven!

Pero.

Las súplicas suelen, más o menos, emplantillarse en una estructura genérica
que se forja así: Te pedimos, Señor, que envíes desde el Cielo tu Espíritu
para que ……….. y en esos puntitos se completa la súplica. Para que nos
inflame en el amor divino, para que nos ilumine con un rayo de su Luz, para
que enderece lo torcido, caliente lo frío, gracilice lo rígido y larguísimo
etcétera. Y esto es fabuloso.

Pero.

Pero el peligro es que el flujo de la súplica vierta todas sus aguas hacia
el circunstancial de fin de la oración: para que tal cosa. Y torne así el
pedido del Espíritu instrumental, funcional a eso. Y no un fin en sí. Como
en la vida cotidiana podemos pedirle a un tercero: ¿podrás mandarlo a
Fulano para que me arregle el calefón? Toda la fuerza gravitatoria, la
fuerza intencional recae sobre la acentuada ó de calefón. Fulano es grave.

Y eso es grave.
Es bueno que en estos días caigamos en la cuenta de que “la adquisición del
Espíritu Santo de Dios” –en nevada y feliz expresión de san Serafín– no es
medio: es fin. No es medio: es fin. De nuevo: no es medio: es fin. Es el
fin más final que cabe imaginar. Es aquello más allá de lo cual, nada. Es
la estación terminal del tren. Es el fondo inescarbable de todo cuanto el
hombre puede suplicar, anhelar, desear, suspirar, pretender, buscar,
procurar.

Pues antes y más que ser Dador de dones es Él mismo el Don, su nombre más
propio. Y para ese fin de amor hemos sido creados: para adquirir el
Espíritu Santo.
De algún modo vale invertir todas las plegarias (sin por eso creer erróneas
su versión usual, aclaro), y pedirle a Dios que emita desde el Cielo un
rayo de luz para adquirir el Espíritu Santo; que nos otorgue descanso y
tregua en la fatiga para adquirir el Espíritu Santo; que lave lo sórdido,
riegue lo reseco, sane lo enfermo… para adquirir el Espíritu Santo. Pues el
repliegue de la Presencia de su Persona en lo íntimo del corazón de sus
fieles es el Bien Absoluto, insuperable, inmejorable, inaumentable.

Envíalo, Señor Jesús: no nos dejes huérfanos; danos Tu Espíritu. Y eso nos
basta. Que venga a nosotros y con nosotros permanezca hasta Tu retorno.
Amén.”

Buena semana!

Fer y Juan Sanguinetti.

 

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