El Camino la Verdad y la Vida

Querida Comunidad, compartimos esta reflexión enviada por la Comunidad de
Tandil, sobre el Evangelio del Domingo pasado.

*EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA*.

*”Enséñame, Señor, a buscarte y muéstrate cuando te busco. No puedo
buscarte si Tú no me enseñas, ni encontrarte si Tú no te muestras. Que
yo
te busque deseándote y te desee buscándote; que yo te encuentre amándote
y
te ame encontrándote”* San Anselmo, Proslogion, 1.

San Anselmo, en su “*Exhortación a la contemplación de Dios”* exhorta
al
hombre a la búsqueda de Dios… y se cuestiona: “Di a Dios: Busco tu
rostro,
busco tu rostro, ¡oh Señor!… Y ahora, ¡oh Señor, Dios mío! ,
enseña a mi
corazón dónde y cómo te encontrará, dónde y cómo tiene que buscarte.
Si no
estás en mí, ¡oh Señor!, si estás ausente, ¿dónde te encontraré?
Desde
luego habitas una luz inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa luz
inaccesible? ¿Cómo me aproximaré a ella? ¿Quién me guiará, quién me
introducirá en esa morada de luz? ¿Quién hará que allí te contemple?
¿Por
qué signos, bajo qué forma te buscaré? Nunca te he visto, Señor Dios
mío;
no conozco tu rostro… (Proslogion, 1)

El Evangelio de hoy nos vuelve a una escena de la Ultima Cena donde Jesús
rodeado de sus discÌpulos, unos discÌpulos inquietos, incrédulos,
asustados
al escucharlo hablar de su próxima partida, los anima a no estar
inquietos,
respondiendo ante la exclamación de Tomás “Si no sabemos a dónde vas,
¿Cómo
seguirte?” con una afirmación categórica: “Yo soy el Camino, la Verdad y
la
Vida! y nadie llega al Padre sino por mí “… Y frente a la petición de
Felipe: “Señor muéstranos al Padre”, la segunda gran afirmación: “El que
me
ha visto a Mi ha visto al Padre…” (Juan 14,1-12)

Al leer y re-leer el Evangelio de hoy por un lado y el texto de San
Anselmo por otro, nos hacía pensar en la búsqueda constante que parece
ser
de la naturaleza propia del ser humano. Y concretamente, en la búsqueda en
que nos vemos inmersos cuando aceptamos seguir a Jesús, búsqueda y
entrega
que a veces nos resulta fácil y simple, otras tantas difícil y
complicada.

Sin embargo, es el propio Jesús quien nos da la respuesta al revelarnos
que
El es el mismo Dios, que El es el camino para llegar a Dios, que El es la
vida misma, que por El se llega a la Verdad única y eterna. El nos dejará
su Espíritu Santo de manera que nunca podremos dudar de Su permanencia en
el tiempo, en todo lugar, dentro y fuera de nosotros Es en el Espíritu
Santo en quien hablamos a Jesús, y en Jesús al Padre. Unidad trinitaria
en
que se mueve nuestra fe.

Pero esas certezas que el propio Jesús nos da, no deben ser impedimento a
que NECESITEMOS del Señor, que GUSTEMOS de su cercanía, que AMEMOS su
presencia y que por lo tanto le pidamos que nos enseñe el camino y que
permanezca con nosotros.

Dicen que a San Anselmo le gustaba orar esta oración con frecuencia. Así
también nosotros oremos:

*”Enséñame, Señor, a buscarte y muéstrate cuando te busco. No puedo
buscarte si Tú no me enseñas, ni encontrarte si Tú no te muestras. Que
yo te busque deseándote y te desee buscándote; que yo te encuentre amándote
y  te ame encontrándote”*

Buena semana

Abrazo en Xto.

 

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